Los Secretos para los Niños

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Un niño no tiene la suficiente madurez cognitiva y emocional para sostener un secreto, pedirle que no hable de algo que el vivió es atentar contra su natural espontaneidad, y sumirlo en un compromiso difícil de aceptar. Cuando el niño calla y oculta, no lo hace por complicidad consciente, lo hace por miedo, ya sea porque fue amenazado o porque en su corta experiencia de vida descubrió que hablar es malo, y prefiere callar antes de ser reprendido.

Muchas veces la información que se oculta, a simple vista puede parecer insignificante y otras, realmente, no tanto. . . como por ejemplo: No le cuentes a tus padres que te di caramelos (pueden decir los abuelos), “no le digas a papá que hoy visitamos a . . . “ (puede decir una mamá), “No le digas a mamá que gaste ese dinero. . .” (puede decir un papá), “No le cuentes a Fulano lo que viste”(puede decir un amigo )“ no le digas a tus padres o pueden pagar con su vida. . . (puede decir un abusador) etc

Resulta de gran importancia el hecho de poder enseñar a los niños a diferenciar los secretos buenos, de los malos. Un ejemplo de secreto bueno, puede ser, el ir a comprar un regalo y pedir que no se le cuente a la persona que lo recibirá, porque el mismo forma parte de una sorpresa. Ese, se trata de un secreto a corto plazo, donde la ansiedad que brinda el sostener la información, se resuelve positivamente en breve. No genera ocultamiento ni complicidad extrema, porque rápidamente el secreto se devela, generando un efecto positivo entre las partes. Incluso si el niño lo devela antes de tiempo, no pasa nada, ya que para cualquier adulto coherente, esa era una opción previsible.

Diferente es aquella situación que el niño presencia, y es amenazado para que no cuente, ya sea por un adulto que le es familiar, o no, pero donde el niño percibe que si abre la boca, su vida tal como la venia sosteniendo se pone en juego. Lamentablemente su vida se ve afectada por ese instante, donde puede llegar a sentirse cómplice de algo indeseado, y al no saber gestionar el suceso vivido puede generar culpa.

No podemos salvar a los niños de las malas experiencias, por más buenos padres y adultos que seamos. Pero si podemos salvarlos si los ayudamos a que sepan comunicarse, que ellos se sientan escuchados, que les enseñemos a hablar y a expresar sus emociones. Que no solo aceptemos hablar de aquello que como adultos nos divierta, sino que escuchemos como ellos conciben el mundo, no solo para guiarlos en lo que creemos “debe ser”, sino para acompañarlos, para que no se sientan solos.

Como adultos es importante que sepamos gestionar nuestras emociones, para que los niños también aprendan a gestionar las propias. Ellos son esponjas, y aprenden de su experiencia.

Seamos buenos ejemplos.

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Paola Villanueva

Autor desde:  November 23, 2020

Me gradué de Licenciada en Psicología en la Universidad Católica de Cuyo (San Juan, Argentina) y
trabajé durante 10 años en el ámbito clínico de manera interdisciplinaria.
A lo largo del contacto que mantuve con quienes asistían a mis consultas, observé la gran incidencia de las emociones, llevando no solo a afectar las relaciones en general  sino también la propia salud.

Al mudarme a España realicé un diplomado en Biodescodificación. En la actualidad continuo formándome en Psicogenealogía, PNL y Coaching y trabajo presencialmente como Biodescodificadora en Lleida y de manera On Line para toda España.